Seremos dos estrellas que se atreven a reír del sol. Andaremos por las tardes brillando compañía.
28 mayo 2010
Mendoza y San Martín
22 mayo 2010
La culpa del disfraz
Visto que se me han solicitado varios temas de análisis científico, me he encomendado la misión de aceptar y rechazar aquellos que no son, por razones propias y ajenas, de mi manejo cotidiano e intelectual.
He recibido un pedido que atañe la cuestión “Amoríos frustrados en el tercer piso de
Con respecto al pedido Análisis interdisciplinario de los electrocardiogramas de los estudiantes del tercer piso de la Siberia y a otro que ruega por el estudio de las Distintas patologías psiquiátricas en los académicos, reconozco mi incapacidad cognoscitiva, analítica y técnica para desarrollar tales empresas científicas.
No descarto posibilidades futuras ni pretendo desanimar con la negación al estudio de estos temas. Es necesario un examen exhaustivo de cada una de las actitudes y aptitudes, como así también de cada uno de los funcionamientos coronarios de los implicados para un trato objetivo y sistemático como la ciencia demanda.
Entre los pedidos se halla uno de particular interés para quien escribe y de posibles resultados prácticos. Teniendo en cuenta la seriedad con que tomo mis trabajos y decido esbozar cada uno de los pedidos realizados, el tema: “De qué disfrazarías a cada uno de los habitantes de San Antonio de Areco” es el más indicado para el momento que vivo y que sin problemas podría comenzar a desarrollar. A partir de la naturaleza científica que lo engendra y de la intrínseca importancia existencial que acoge, éste será tema de estudio próximo.
Qué significa disfrazarse, pregunta casi innecesaria y hasta de rápida respuesta si no se tienen en cuenta etimologías ni estudios antropológicos.
"Artificio que se usa para desfigurar algo con el fin de que no sea conocido, o, Vestido de máscara que sirve para las fiestas y saraos, especialmente en carnaval, o por último, Simulación para dar a entender algo distinto de lo que se siente". Estas son las tres definiciones que la aburrida Real Academia Española de Letras decreta como definiciones del concepto Disfraz.
Pensando en la primera definición, ¿sería imperioso creer en la necesidad de desfigurar algo con el fin de que no sea conocido?, ¿Acaso algunos habitantes no están lo suficientemente disfrazados como para infundirse en un meta-disfraz? ¿Existe tal sentimiento de finitud (hacer desconocido algo) entre los objetos de estudio? Afirmo que todas estas preguntas conllevan respuestas negativas y que las explicaciones concernientes a esta negatividad se verán posteriormente.
Con respecto a la segunda definición, sobre la cual no será propicio detenerse mucho tiempo, es preciso destacar el valor de lo carnavalesco. ¿Es otra cosa más que un carnaval de máscaras el desarrollo cotidiano de un pueblo? Sin entrar en discusiones individuales, respondo si y no objeto más.
Cuando adentramos a la última definición se aprecia cierta similitud con la primera, salvo por la enorme diferencia que en la primera se habla de un artificio y en la tercera que el accionar del disfraz se acerca a motivaciones íntimas y espirituales. La idea de simulación de lo que se siente, está más cercana a esencias espirituales y congojas anímicas que a ponerse un guardapolvo blanco, estar borracho, ser parte de los festejos de un cumpleaños y decir que uno es médico mientras se le pregunta a una mina disfrazada de atropellada por un tren, “¿dónde te duele? tengo medicinas que pueden salvar tu vida”.
Concluyendo, la definición efectiva de disfraz que servirá como marco teórico para el estudio de los posibles disfraces arequienses, sería:
“El disfraz es un artificio, por lo tanto una creación del hombre moderno, que se utiliza para esconder tristezas, ahuyentar consuelos, asustar viejas y acariciar atropelladas por un tren. Es también una simulación del super-yo, un escaparate de la realidad, una ventana al más allá desde el acá. Puede, positivamente, ser un capa de Superman o un sombrero de Cowboy o ser un chiste motivado desde el conciente, para ocultar el inconciente, que revela ciertos gustos particulares y esconden aspectos comunes de una vida ordinaria. También el disfraz es una buena solución para robar bancos sin caer en cana o animar fiestas infantiles para espiar a la madre del cumpleañero. El disfraz oculta la tristeza en forma de alegría, la deformidad física en algo simpático y el amor en chiste. El disfraz es un artificio tanto tangible como intangible que simula lo que se siente y lo que se es y que a la vez puede exacerbar estos aspectos a modo de sátira personal”
Por lo tanto, el disfraz, no es más ni menos que la vida misma, y no la vida simulada, sino la vida real. ¿O alguno de ustedes se atrevería andar por esta vida sin disfraz?
Ahora bien, lo que me convoca es el análisis sobre posibles simulaciones o exacerbaciones de lo real en los habitantes de San Antonio de Areco. El problema se centra en que quien relata no solo no conoce San Antonio de Areco, sino que además tampoco conoce ser humano alguno que viva en San Antonio de Areco.
A mi vuelta del lugar se enumerarán las simulaciones más sorprendentes y dignas de ser contadas que Areco cobija. Mis respetos a los habitantes del lugar, a quienes consideren esta historia modificada y a quienes esperaban disfrazarse feliz e inocentemente y ahora sientan culpa. La culpa del disfraz.
13 febrero 2010
Colonia, Uruguay
Es que son muchas motos, nadie lo creería, pero son millones. Estacionadas, afuera de los bares, dentro de las cocheras, fuera de las cocheras, por la vereda, por las calles… Andan haciendo ruido sin sentido. Si embargo esta barbarie tiene su explicación. Los extremos más lejanos de Colonia no están más allá de los 7 Km., las distancias son cortas y muchos, los muchos que andan con sus motos por la ciudad, prefieren comprar una moto a tomar el transporte público. Y ¿por qué prefieren comprar una moto? Porque un pasaje cuesta unos 23 pesos uruguayos, algo más de un dólar, y con 600 dólares quien desee interrumpir la tranquilidad de la ciudad, puede comprarse su motocicleta.
Que no se espere comprar con 600 dólares una moto digna, debe conformarse con una de origen chino de marca parecida a la de un ventilador. Ventilador o no, es una moto al fin.
Fue por la última crisis, la del 2001, quedó el resabio y cuando llegaron las motos chinas, se fueron los boliches, las discos y los pubs. Esa crisis dejó a los pibes sin boliches y debieron conformarse con tomar algo por las calles, por aquellos años era una mezcla entre vino y naranjín (una gaseosa, que a juzgar por el nombre, debe ser horrible) cierto es que tomar algo por las calles, como producto de la crisis, se convirtió en una costumbre.
La crisis se fue, los bares no volvieron, los pibes ahora tienen un poco más de plata y pueden comprarse una cerveza en vez de esa mezcla espeluznante y Colonia por la noche no es lo que me esperaba.
Es que un viernes a la noche es un boliche al aire libre y rodante. Para hombres y mujeres por igual, deambulan por la calle con una cerveza en la mano como quien se toma una Coca Cola. Están los que caminan y toman su cerveza y están obviamente los que manejan sus motos y toman su cerveza. Pero falta algo para que Colonia sea un boliche hecho y derecho, la música. Paciencia, esperen a que pase el fantástico fantasma del mehari rojo que con su equipo de audio le da ritmo bailador a la noche de Colonia. A descansar a otra ciudad, vo.
03 febrero 2010
Y volaban...
Salen del cuarto y se ponen a hablar,
hace mucho que el sueño no los vuelve a juntar.
Tiro los dados y cayeron al mar
uno es un superhéroe y una chica mortal
Sacan las cartas del placard de papá,
y las prenden y el perro no para de ladrar.
Llevan dos bolsos y un papel de fumar,
Sargent peppers, el walkman y las flores del mal.
Y volaban no paraban de hablar... se reían de nada.
Que se vayan de acá
que no vuelvan... sin nada.
y volaban no paraban de hablar , se reían de nada...
16 diciembre 2009
...
15 diciembre 2009
05 octubre 2009
El nene carretero
20 agosto 2009
El orden de las cosas como construcción de sentido
Lo siguiente es una aproximación teórica sobre cómo un orden establecido o totalmente desarticulado de las cosas que conforman los objetos significantes son potencialmente el aspecto más importante para la construcción de sentido. Está en la reorganización individual e íntimamente personal de los elementos la base del significado. El análisis nace motivado por la lectura del capítulo “Las Meninas” de “Las palabras y las cosas” de Michel Foucault
El paso a la modernidad transformó la lógica del pensamiento, cuando la fotografía se convierte en arte, el orden de las cosas, del orden del objeto fotografiado o imagen representada, pierde la jerarquización que hasta el momento mantenía. Es a partir de este momento en que el interpretante construye el sentido a partir de la reorganización intrínseca del objeto observado, reestablece el orden, da sentido.
Es a partir del desorden que se crean nuevas interpretaciones, el hombre es quien reordena el mundo, y en ese reordenamiento es cuando se logra la interpretación de un objeto a través de diferentes fenómenos semánticos.
Cuando con el comienzo de la modernidad, la razón prima sobre el sentimiento y el orden divino de las cosas y sus explicaciones está criticado y reemplazado por otro orden lógico de pensamiento, las cosas comenzaron a tener, en sí mismas, un nuevo orden.
Zeuixs, hábil pintor de
A mediados del siglo XIX la fotografía irrumpe en el mundo artístico. Pintores que dedicaban su tiempo a realizar retratos, representando paisajes o personas, comienzan a utilizar la fotografía como nueva herramienta de trabajo. Consideran que la imagen fotografía es la más fiel representación de la realidad, este período es conocido como Naturalismo.
El orden natural de las cosas era expuesto en las obras artísticas de la época clásica. Michel Foucault analiza con excelencia Las Meninas de Velásquez. En ésta observa que un orden de cosas está desintegrado, que si bien es un retrato de una situación coloquial, el orden semántico de los elementos expuestos está en desfase con lo que convencionalmente se interpreta. El orden exige identidad pero impone jerarquías, legitimadas por una moral, por la producción de sentido, y en esta legitimación, las redes discursivas sociales propician aceptabilidad, cohesión, e imponen determinadas perspectivas, éste es el principio general sobre el que Foucault se basa para analizar esta obra.
Foucault en “Las palabras y las cosas” plantea que en el paso a la modernidad, es el paso de la semejanza a la diferencia, de la fundamentación divina a la fundamentación racional y, en el contexto de esta valoración de la diferencia, la creación cultural del relato emancipatorio.
Foucault reordena las meninas y crea miles de nuevas interpretaciones, de creer que solo era una imagen real de un momento cotidiano, el reordenamiento de las cosas y la construcción del sentido, advierte, según la óptica del filósofo francés, el desplazamiento del Rey y del orden divino, del centro de la vida cotidiana.
Esta posibilidad del reordenamiento ha transformado a la fotografía en una producción artística, a partir de que un receptor puede moverse dentro de los significados posibles, de que la imagen comience a ser polisémica, la fotografía se convierte en un objeto a interpretar. Ya no es sólo un retrato en el cual un significado único se apodera de la imagen. Es por eso que la transformación de la lógica del pensamiento y la posibilidad de rearmar una imagen, hacen que la fotografía permita descubrir en ella fragmentos de la realidad visual (referente) y unos signos o formas sin referentes en el mundo de las cosas visibles, que están en la imagen pero no en la realidad.
“Toda fotografía se debate en la tensión entre la información bruta que transmite y su carácter polisémico” (Almasy, 1975).
Dejando de lado “las teorías de la fotografía como espejo de lo real (centradas en el concepto destacado por Barthes de la analogía o semejanza) y como transformación de lo real (la fotografía en tanto que lenguaje culturalmente codificado)” Santos Zunzunegui, “Pensar la imagen”, Dubois se centra en concebir la fotografía como una huella de lo real.
Está en saber qué sucede en el proceso de comprensión de la imagen fotográfica cuando el intérprete, a partir de la idea de Dubois que la foto es un índice de retorno hacia su referente, reorganiza los datos de la imagen y crea el significado. Esa creación del significado está en el reordenamiento de las cosas, y es cuando se da la posibilidad del reordenamiento de las cosas cuando la foto se convierte en arte, en el proceso de reestructuración de los elementos presentes en el mensaje fotográfico.
Así aparece el análisis de Peirce, sobre el estudio basado en Signo, Objeto, Interpretante. Ese proceso racional se basa en la organización de los datos presentes en el Signo, que refiriendo al Objeto, arrojan una cantidad de datos suficientes para que en el resultado mental, el Interpretante, aparezcan reordenados.
Por lo tanto, concibiendo a la imagen fotográfica como un retorno al referente en la cual un mensaje fotográfico esta constituido con elementos objetivos y elementos abstractos sin referente, que sólo significan individualmente, se obtendrá un sentido individualmente objetivo a partir del proceso semiótico en cual reordenando los elementos presentes (objetivos y abstractos) de un signo que refiere a un objeto (referente) se obtendrá un Interpretante individual y único para cada nuevo reordenamiento. A partir no de las semejanzas con la realidad que determinada imagen posee sino con las diferencias que pueden reestructurarse para lograr sentido.
Esta imagen (la bicicleta de Traverso) despertó, por lo menos, dos grandes interpretaciones socialmente conocidas. Por un lado se encontraban quienes conocían la verdadera historia, aquella que cuenta como un amigo de Traverso fue detenido durante la última dictadura militar y fue junto a su bicicleta la última vez que Traverso vio a su amigo con vida. A partir de 2001 el artista comenzó a pintar bicicletas como la de su amigo en honor a él y los 349 desaparecidos más que dejó la dictadura en Rosario.
Por otro lado, estaban quienes adjudicaban esa bicicleta a la vida y memoria de Pocho Leprati, asesinado en 2001. Ambas versiones circularon con mucha fuerza entre los primeros días en que se vieron las bicicletas por primera vez. Frente a estas dos interpretaciones, se ve claramente como en el proceso de construcción de sentido pueden obtenerse interpretaciones diferentes.
En el caso de Bicicleta, el objeto se encontraba desordenado, hasta que el intérprete comenzó a ordenar los elementos existentes para llegar a interpretar que la bicicleta remitía a determinada cuestión. Lo interesante de este caso es como una imagen tan simple, a primera vista, como esa bicicleta puede generar interpretaciones dispares.
Estos elementos responden en cierta forma a los signos o formas sin referentes y fragmentos de la realidad visual. Frente a esto, la imagen de la bicicleta concebida como el signo del vehículo de transporte es un fragmento de la realidad visual socialmente interpretado así, sin embargo, en
El Signo “Bicicleta de Traverso” respondía a un Objeto exterior que no podía ser definido igualitariamente por todos los receptores.
“En la semiosis social son necesarios textos que sean tomados como absolutos dentro de una cultura dada, correspondientes a códigos comunes al colectivo completo; mientras que en el nivel de la comunicación personal, el individuo recibe y transmite textos individualizados, correspondiente a códigos particulares.” La bicicleta es un código común, toda una comunidad comprende que una bicicleta no es más que un medio de transporte o de paseo. Pero la bicicleta de Traverso es un código particular donde un individuo recibe y transmite textos individualizados. Por eso es que la bicicleta de Traverso ha provocado por lo menos dos interpretaciones.
Es esta relación y unión entre código comunes y códigos individuales, según Lotman, y lo desarrollado sobre el reordenamiento de los elementos significantes de la imagen que se obtiene el sentido.
Foucault, Michel; “Las meninas” en Las palabras y las Cosas: Una arqueología de las ciencias humanas, Buenos Aires: Siglo XXI Editores Argentinos, 2007.
Sontag, Susan; Sobre la fotografía (fragmentos). Buenos Aires, Sudamericana, 1977.
Lotman, Yuri: Capítulo 5 “El ecosistema cultural” en Texto, Cultura y memoria.
Peirce, Charles, Obra Lógico Semiótica
Berger, John; “Apariencias” en Otra manera de contar. Murcia; Mestizo, 1998.
El sentido y la duda
17 agosto 2009
20 almas
06 julio 2009
Los perros chilenos
Una vez comí perro frito. Cierto relato de Martín Caparrós sobre su frustrado deseo de comer perro en China, me recordó que corrí con la misma suerte que él al pedir perro en un restorán. Claro que no fue en Argentina, aquí los perros no son esos animales que ladran. Fue en Chile en 2000, en Santiago de Chile lugar donde para comer en los restoranes ofrecen perro frito.
Una calle peatonal, cuyo nombre no recuerdo y nunca supe, ofrece una buena cantidad de restoranes en unos locales ubicados como galerías a un piso de altura. Son galerías con techos de lona en las cuales los mozos, o unos señores que se paran en las puertas, invitan a comer en su boliche.
Se camina por una callejuela que, de un costado y metros más abajo ofrece como vista a esta peatonal que no recuerdo y por el otro estos señores que, insoportablemente, invitan a comer. El procedimiento es sencillo y como dije, molesto. Los mozos se paran casi delante del paso y con una mano ocupada por carta señalan la puerta de su comedor. Con el otro brazo interrumpen nuestro paso. No dejamos de escuchar al primer mozo que el segundo, de otro boliche, ya está encima de nosotros de la misma insoportable manera invitándonos a comer.
Harto uno de tanta invitación sede a la tentación de salir rajando. Pero comienzo a preguntarme si no será que estoy frente a un acto gastronómico de características tradicionales. ¿Será esta clase de invitación parte de un proceso gourmet digno de aprovechar? Frente a mi estaba la posibilidad única de intrometerme en la cultura gastronómica chilena. Día digno de recordar en reuniones familiares. Sin embargo no me agradan para nada los colores con que adornar los restoranes, los carteles de las promociones son horribles y las mesas están servidas con muy poca delicadeza.
Todo feo. Pero algo raro sucedió, uno de estos mozos invitadores y molestos no era tan molesto ni tan invitador. Sólo me ofreció su plato del día, sin cruzarse ni insistirme demasiado. Era un hombre mayor, casi calvo y un poco gordo. Será porque estaba cansando de trabajar en ese lugar o porque con los años aprendió que a los posibles clientes no hay que molestarlos tanto ni atacar su intimidad como lo hacían los anteriores. Algo de turista se notaba en mí, probablemente por estar en ese lugar. Los ciudadanos chilenos, salvo algunas excepciones, no deambulan por esos centros alimenticios ni ponen cara de “a ver qué como”. Aquellos que conocen los lugares se sientan y listo. El turista mira, analiza, se hace el que elige y se sienta justo en el lugar que menos miró, escasamente analizó y, luego de estar ubicado dispuesto a pedir la carta, nunca elegiría.
Por lo tanto este mozo me vio cara de extranjero y me invitó a comer perro frito. Por supuesto, acepté. Entiendo que mi pedido, “perro frito”, responde más a una actitud payasesca que a una decisión seria y madura. Pero estaba en Chile, solo y con dinero de sobra como para comer en otro lugar ya que estaba dispuesto a dejar en el plato cualquier cosa que tenga una consistencia parecida a lo que imagino es la carne de perro. Ni idea tenía de lo que podría llegar a ser “perro frito”.
Mientras espero mi perro miro una estatua viviente horriblemente poco profesional. Las estatuas no se rascan, ésta si. El mozo llega con una bandeja y una ollita con tapa. El primer pensamiento que se me cruzó respondía al tiempo. Cuánto se tarda en Chile para freir un perro. El segundo, en las ollas vienen cosas hervidas, las cosas fritas no vienen en ollas. Algo andaba mal. O el perro era hervido cosa aún más horrible y asquerosa o lo que yo imaginaba que era perro no lo era y lo que imaginaba que era frito es hervido.
La presencia de tenedores, cuchillos y cucharas en la mesa me despistaba. La ausencia de cualquiera de estos utensilios me hubiese dado alguna pista. Le pido al mozo que me cobre antes de que se marche, no gustaría que, cuando supuestamente hubiese terminado de comer y se acerque para traerme la cuenta, me pregunte por qué no comí un solo pedazo de su perro frito.
Destapo la olla y en ese momento sentí un alivio parecido al que sintió Caparrós cuando la camarera volvió con la noticia de que perros se habían terminado. El famoso perro frito era una sopa con trozos cuadrados de panes que flotaban. Una sopa común de verduras con panes comunes de harina.
Me comí los panes, me tomé la Coca Cola y me fui dejando la sopa en su lugar. La sopa, por aquellos años, no me gustaba para nada. Hubiese preferido que me traigan un perro frito.
18 junio 2009
El periodismo como pasión y entendimiento
14 mayo 2009
La verdad y la poesía
Que no es semejante al dolor
Y sólo se parece a la tristeza
Como la niebla se parece a la lluvia.
12 mayo 2009
La belleza y la muerte
Desde entonces traté de combinar estas dos ideas: un amante llorando a su difunta amada, y un cuervo repitiendo continuamente las palabras: never more".
04 mayo 2009
Todo un blister
Voy a estar en puntas de pie dudando de mi estabilidad, total lo que tiembla es el mundo. Yo estoy muy firme en él, me tomé todo un frasco de vitaminas.
27 octubre 2008
Literatura nacional Argentina

La construcción de la identidad cultural propia fue un tema de controversias continuas entre los grandes pensadores argentinos. Aquí la ciudad y la cultura se edificaron sobre la nada, sobre una pampa recorrida por tribus salvajes y duras. Casi todo nos llegó de Europa: desde el lenguaje y la religión hasta la mayor parte de la sangre de los habitantes. Nuestra cultura proviene de Europa y no podemos evitarlo. Y a partir de allí, lo que hagamos de original lo haremos con esa herencia, que nos marcará e identificará.
Pero el punto a destacar es que de esas herencias hemos recibido un premio hermoso, que es nuestra lengua, el español. Pese a que le duela a Sarmiento y unos cuantos amigos suyos de su elitista generación haber heredado este idioma, desde la más diminuta alegría festejo esta herencia.
A mediados del siglo XIX, Juan Bautista Alberdi diría: “El idioma inglés, como idioma de la libertad, de la industria y del orden, debe ser aun más obligatorio que el latín; no debiera darse diploma ni título universitario al joven que no lo hable y escriba. ¿Cómo recibir el ejemplo y la acción civilizadora de la raza anglosajona sin la posesión general de su lengua? Cualquier idioma que no sea el inglés o el francés era bárbaro.
Facundo, civilización o barbarie de Sarmiento es un canto a los buenos modales europeos, pero por desgracia para él y dejando de lado todo tipo de atrocidades perpetradas, los conquistadores fueron españoles, y no heredamos el francés como a él hubiese gustado.
Sin embargo, fueron ellos; Sarmiento, Echeverría y Alberdi, entre otros, quienes fundaron nuestra literatura. Y lo hicieron en español, castellano, como guste. Esta es nuestra herencia, la de Europa y la de nuestros primeros escritores. Pero si hay algo que a un periodista regocija, es saber que las primeras letras argentinas fueron en mano de periodistas. El nacimiento de la literatura nacional (caso de La Cautiva) es fruto del deseo de comenzar a separarse de una escritura destinada a ideologías, de la cual era partidario el periodismo.
Por lo tanto, para la próxima entrega, ofreceré un tímido recorrido por los comienzos del periodismo como hacedor de las primeras letras argentinas.
16 octubre 2008
La invención de Morel
La invención de Morel es una novela sublime. Quienes hayan tenido la delicadeza de leerla seguramente no se privaron de cientos de interpretaciones posibles que la obra de Adolfo Bioy Casares presenta (o representa). Es una obra de 1940… 60 años… casi 70.
Una rápida presentación de los personajes de la obra bastará para dar comienzo, desarrollar un resumen del argumento es una actividad inmerecida y que además extendería demasiado el trabajo, creo que por incapacidad mía es necesaria la lectura de la novela para la mejor comprensión del siguiente análisis.
Morel, el inventor de la máquina que reproduce las imágenes de turistas en la isla, está enamorado de Faustine, o por lo menos la desea. Faustine, algunos analistas han comparado su nombre al Fausto y a Fausse, en francés falso, vale aclarar que Faustine y Morel hablan francés. Esta última apreciación sobre el nombre de la dama es interesante y será estudiada, mientras que la comparación con el Fausto sólo agrega al presente análisis la posibilidad de creer que el acto de Morel es una experiencia fáustica, entregando a cambio de su anhelo, su vida. Además, como plantea Lev Manovich en "El lenguajes de los nuevos medios de comunicación", lo de Morel es estrictamente un individuo dentro de la sociedad posindustrial individual. Morel lo que reconstruye y reproduce es su forma de vida individual bajo sus deseos individuales. Dice Manovich: "Cada ciudadano se puede construir un estilo de vida a medida, y "seleccionar" su ideología entre un gran número de opciones". En cierta forma hay una adapatación por parte de Morel a su medida de los momentos y situaciones que quiere vivir. Elige qué vivir.
Resumidamente, Morel inventa una máquina que toma imágenes y luego las reproduce en un espacio real, la isla. Son fotos, filmaciones, en sí, la idea de Morel es reproducir infinitamente los momentos que él cree de felicidad plena junto a su pretendida, Faustine. Así es que construye la máquina que reproduce infinitamente lo vivido por él, Faustine y otros amigos, en la isla. Frente a ésto se encuentra nuestro tercer personaje importante.
El tercer personaje, y el más importante, es el Fugitivo, utilizaré arbitrariamente este nombre para mencionar al narrador de la historia, en primer lugar porque efectivamente llega a la isla en carácter de fugitivo y en segundo lugar porque, y éste será un objeto de análisis próximo, carece de nombre. La novela nunca devela el nombre de este personaje.

Y es justamente desde este detalle donde se desprende el primer estudio. Para el Fugitivo la isla está desierta hasta que un grupo de turistas arremeten de un momento a otro, y éste, dado su carácter de fugitivo de la justicia, se las ingenia con temor para no ser visto. Sin embargo pasan los días (esto está por verse) y nota que los turistas le son sumamente indiferentes, Faustine, de la cual se enamora y va todos los atardeceres a la costa a leer, lo ignora. El jardín de flores que le construye no es apreciado por la dama y así muchas situaciones que van despertando la curiosidad del fugitivo.
El Fugitivo no logra ser visto, ni oído, ni percibido. ¿De qué le serviría poseer un nombre en un lugar donde no puede dialogar? Comienza a experimentar la angustia de la soledad, del anonimato. El detalle de Bioy Casares posee una capacidad de análisis estupenda. El Fugitivo nota además que los momentos se repiten, la aparición de dos soles y dos lunas es motivo también de incomprensión de lo que vive.
La novela nos demuestra que la aprehensión de la realidad destruye la tríada espacio, tiempo y materia. Como Morel logró construir su propio espacio, tiempo y (representó) materia, los nuevos medios tecnológicos nos permiten posibilidades similares. Hasta el significado de identidad está apremiado frente a la posibilidad del anonimato. El Fugitivo no tiene nombre porque no lo necesita, no enuncia y no tiene la posibilidad de identificarse frente a un TU.
Un ejemplo son las posibilidad de construcción ilimitada de identidades que ofrecen ciertos medios tecnológicos, para este caso sirven de análisis los chats y los foros, dentro de estas posibilidades existe el anonimato. Si bien un individuo se identifica en el momento de interactuar, ciertos momentos de interacción no merecen una identificación real o merecen falsedad. Faustine, Fausse, falso, la imagen (justamente la imagen) de Faustine, son los miles anónimos TU que puedo encontrar en la web. Mientras que YO, y este análisis está inspirado en la teoría de la enunciación de Benveniste, puede ser anónimo la diferencia radical está puesta en la voluntad.
Mientras que mi interacción anónima la realizo voluntariamente, el Fugitivo vive un anonimato involuntario, que lo angustia. Vivía en una especie de panóptico de Bentham en el cual los roles de observador y observado no estaban definidos.
Hay una vuelta al mundo encantado, "mundo pre-científico", pre-cartesiano, en el cual las explicaciones partían del orden divino y el funcionamiento de las cosas estaba resuelto, en el cual no interesaba tanto el cómo sino más bien el por qué. Lo que veíamos y sentíamos estaba en orden. Estaban en orden nuestras percepciones. El Fugitivo se encuentra con un orden desordenado, inexplicable. Las primeras explicaciones responden a que quien está confundido es él, o sea el hombre. Locura, alucinación, estas son las explicaciones que el Fugitivo encuentra a la invisibilidad o ignorancia recibida. Morris Berman en "El reencatamiento del mundo" plantea que el sujeto en la modernidad comienza a verse ajeno al mundo que lo rodea, el sujeto no es sus experiencias y por lo tanto se acerca a una angustia que tratará de resolver a través de diferentes medios. “La droga y el hospital mental se han convertido en el aceite lubricante y la fábrica de repuestos indispensables para impedir el derrumbe total del motor humano”, cita Berman en su libro. Justamente una de las posibles explicaciones que encontró el Fugitivo fue que la isla era un hospital psiquiátrico y Morel era el director.
La transformación del espacio social en la posmodernidad ha llegado a trascender tanto la capacidad de conocimiento del individuo que se hace necesario un nuevo posicionamiento del sujeto en la organización de su entorno.
El orden del mundo que el Fugitivo conocía comenzaba a destruirse, pero sin embargo no era conocedor de por qué se destruía ese orden. Vivía la angustia de la soledad, la lejanía, la ignorancia. La magnificencia de la obra de Bioy Casares produce que el lector también comience a experimentar la angustia del Fugitivo y sentir que algo anda muy mal con nuestra visión del mundo en su totalidad. El lector también comienza a buscar respuesta mediando la lectura del libro.
Un dato importante es que la máquina, la invención de Morel, toma imágenes que luego reproducirá pero la muerte del original será el próximo paso. Es así que tanto Morel, como Faustine y los demás turistas están muertos para cuando el Fugitivio los percibe.
El Fugitivo vive en un mundo de percepciones plenas, no comprende qué es lo que sucede ya que el tiempo y la materia son otros, es arrastrado por el flujo de la vida sin un freno, sin un segundo de tiempo para entender. Sin embargo tiene la gracia de que el tiempo se repite y, aunque sea un rio del eterno retorno, la repetición le permite comprender lo que sucede. Pero, sólo puede realizarlo porque en verdad no pertenece, su lugar es otro, su perspectiva le permite criticar, comprender, analizar. Sin embargo, la paradoja se da cuando logra desentrañar lo que sucede. Formando parte, siendo participe de ese mundo que observa, sólo le deparará la muerte. Se insertará, será uno más pero ya sin la posibilidad de crítica.
Cuando Manovich plantea la distinción entre las pantallas, clásica y del ordenador y la realidad virtual, ofrece ciertas pautas para el análisis de la obra de Adolfo Bioy Casares. Las pantallas son una ventana a un espacio virtual, algo que el espectador mira pero en el cual no puede actuar, salvo en las pantallas del ordenador, allí hay una inclusión del usuario, para esto éste debe conocer las herramientas, la información. El cuerpo del Fugitivo está fuera de la realidad que percibe, como en la realidad virtual, en la cual movemos nuestro cuerpo para interactuar, el Fugitivo debe renunciar a su cuerpo para pertenecer al mismo orden que los demás. La realción entre el cuerpo y la pantalla que menciona Manovich en "La Interfaz".
El Fugitivo necesita información, formación. Para interactuar con Faustine necesita una formación inmanente, in-formación.
Cuando el Fugitivo oye el discurso que Morel ofrece a sus amigos, sobre la existencia de una máquina que fotografió sus vidas y en museo que se hallaba en la isla, la sala de máquinas de La Máquina, comenzó a ser consciente de lo que sucedía. El Fugitivo, enamorado como Morel de Faustine, comprende que para estar con ella debe someterse a La Máquina. Hasta el momento previo al descubrimiento del misterio, la máquina de morel era un medio viejo, lineal, no interactivo. En esto hay una filosofía heideggeriana, "el hombre está poseído por la tecnología, de tal modo que es una completa ilusión creer que puede dominarla.”
Leyendo "Crítica de la información" de Scott Lash encuentro una explicación efectiva en la novela de Bioy Casares. El ser humano, si pretende vivir una vida integrada y comunal, estará condenado a la acrítica y la muerte. Si a la vez desea la inmortalidad será hijo de la pura repetición de la representación. Sin novedades ni creaciones, es en la inmortalidad en donde se pierde toda posibilidad creativa, en “El Inmortal” de Jorge Luis Borges aparece la diferencia entre el humano que conoce su finitud y el animal que la desconoce, por lo tanto es infinito. Los no humanos de Morel desconocen ambas cuestiones, son un tercer agente, productos de una tecnología y el hombre. Humanos repetitivos, inconscientes de inmortalidad pero inmortales al fin. Justamente la eternidad está en la muerte. Por otro lado, las formas de vida tecnológicas de Lash están presentes en la no linealidad de los acontecimientos de la obra, "Las formas tecnológicas de vida son demasiado rápidas para la reflexión" diría Lash y realcionando esta idea con lo dicho anteriormente sobre las ideas de pertenencia y crítica.
“Se trata de una comunidad imaginada porque es imposible que sus miembros se conozcan unos a otros cara a cara”, dice Lash.
La artificialidad depende exclusivamente de un orden natural. Bioy Casares anticipa el mundo de interfaces. ¿Qué otra cosa más que la máquina de Morel son los blog, fotolog y otras redes sociales?
Podemos eternizarnos en un blog, estar allí en imágenes, audios, videos, contar nuestros gustos, deseos, pertenecer y lograr una red de amigos. Puede mantenerse todo estático, invariable si la muerte física nos llega, si nuestro cuerpo deja de mantenerse en contacto con la pantalla del ordenador.
La idea de representación de lo real está presente, la inmortalidad del ser también.
Dos personas que la única relación que mantuvieron en sus vidas es a través de una computadora (para simplificar el complejo entramado de especificidades que los nuevos medios tecnológicos de vida contienen), lo único que conocen del otro son representaciones. La muerte no existe en los blogs (salvo si el muerto tuvo la precaución de anunciar que algo le sucederá o si tomó los recaudos necesarios para que alguien “blogee” su muerte).
Mientras tanto si la gran máquina continúa funcionando, para miles de personas que solo nos conocen por la web, seremos inmortales. No ya desde la óptica de inmortalidad que se le puede dar a un cantante o escritor que a través de sus grandes producciones se eternizan, sino desde una eternidad más real, más viva.
Pero volviendo a la idea de la dependencia de la artificialidad de un orden natural, las mareas que mueven los mecanismos de la máquina de Morel son justamente mareas que nos llevan y nos arrastran, infinitamente. La relación, puramente poética, es valedera en el sentido de que las mareas que nos empujan, los flujos sociales son los que nos dan vida, no sumergiéndonos (o sin ser sumergidos) en ellas, quedaremos afuera como el Fugitivo de y en la isla.
¿Qué sucedería si esas mareas paran? Lo mismo si algún orden tecnológico de nuestras vidas, como Internet, deja de funcionar, no hablaríamos de una desaparición total, como sucedería en la Isla pero sí dejaríamos de existir para nuestra comunidad virtual. Ahora bien, en realidad desapareceríamos totalmente, la perspectiva desde un orden tecnológico e individual nos haría desaparecer, si nuestro cuerpo no moriría un gran orden de cosas sí caducaría.
Lo que sucedería, en el caso de que algún instrumento de Internet dejara de funcionar, sería la ruptura de la mediación técnica que habla Latour en “La esperanza de pandora”, el pliegue del tiempo y el espacio. Cuando algo deje de funcionar daremos cuenta de su existencia. Pero quizá seamos nosotros mismos esa existencia. Como en la isla, en la cual si la artificialidad de Morel deja de fluir, desaparecerá Morel mismo, Faustine y el amor del Fugitivo.
Bibliografía
Lash, Scott, Crítica de la información.
Berman, Morris, El reencatamiento del mundo. Cap. 1 Introducción, Paisaje moderno.
Latour, Bruno, La esperanza de pandora. Ensayos sobre la realidad de los estudios de la ciencia.
Manovich, Lev, El lenguaje de los nuevos medios de comunicación. La imagen en la era digital. Capítulos 1 y 2.
Bravo, Víctor, Representación y repretición en Michel Foucault.
Bioy Casares, Adolfo, La invención de Morel.
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